Español / B2
El deán de Santiago y don Illán
El conde Lucanor estaba preocupado por un hombre al que había ayudado. Aquel hombre le había prometido grandes favores, pero, cuando tuvo ocasión de cumplirlos, siempre encontró una excusa. Su asunto aún no estaba resuelto y necesitaba la ayuda del conde para terminarlo. ¿Debía seguir ayudándolo?
Patronio, su consejero, le respondió con la historia del deán de Santiago y don Illán, un maestro de magia que vivía en Toledo.
El deán ocupaba un cargo importante en la Iglesia y deseaba aprender magia. Había oído que nadie sabía tanto como don Illán, así que fue a visitarlo. Lo encontró leyendo en una habitación apartada. El maestro lo recibió con gran amabilidad, le ofreció alojamiento y no quiso escuchar el motivo de su visita hasta después de comer.
Cuando pudieron hablar a solas, el deán le pidió que le enseñara su arte. Don Illán expresó una duda: su visitante podía llegar muy alto, y quienes conseguían grandes cargos solían olvidar a las personas que los habían ayudado. Temía que, una vez terminados los estudios, las promesas quedaran en nada.
El deán aseguró que jamás sería ingrato. Tuviera la suerte que tuviera, haría todo lo que su maestro le pidiera.
Hablaron hasta la hora de cenar. Finalmente, don Illán aceptó y explicó que debían estudiar en un lugar muy apartado. Antes de conducirlo allí, llamó a una criada. Le ordenó preparar unas perdices, pero no asarlas hasta recibir su aviso.
Después bajaron por una larga escalera de piedra. Descendieron tanto que parecía que el río Tajo debía de pasar sobre sus cabezas. Abajo encontraron habitaciones cómodas y un estudio lleno de libros. Se sentaron a decidir por cuáles empezarían.
En ese momento llegaron dos hombres con una carta del tío del deán, que era arzobispo. Estaba gravemente enfermo y quería verlo antes de morir. El deán se preocupó, pero tampoco quería interrumpir unos estudios que acababa de comenzar. Decidió quedarse y responder por escrito.
Tres o cuatro días después llegaron nuevas cartas: su tío había muerto. Las autoridades de la Iglesia estaban eligiendo a su sucesor y esperaban nombrarlo a él. Le aconsejaban no regresar todavía, pues era mejor que lo eligieran estando ausente.
Una semana más tarde, dos enviados bien vestidos le anunciaron que ya era arzobispo. Don Illán celebró la noticia y pidió que el puesto de deán, ahora libre, fuera para su hijo.
El nuevo arzobispo le rogó que permitiera dárselo a su propio hermano. Encontraría otro cargo adecuado para el hijo de don Illán. Además, invitó a los dos a acompañarlo a Santiago. El maestro aceptó.
Pasado algún tiempo, llegaron mensajes del papa. El arzobispo recibiría el obispado de Toulouse y podía dejar su cargo actual a quien quisiera. Don Illán volvió a pedirlo para su hijo. Su antiguo alumno quiso reservarlo esta vez para un tío, hermano de su padre.
El maestro protestó por aquel trato, aunque acabó aceptando otra promesa de recompensa. Él y su hijo viajaron también a Toulouse, donde fueron recibidos con honores.
Unos dos años después, el papa nombró cardenal al obispo y le permitió elegir quién ocuparía su puesto en Toulouse. Don Illán recordó que ya había incumplido varias veces su palabra. Ahora, por fin, podía beneficiar a su hijo.
Pero el nuevo cardenal tenía otra petición: deseaba dar el obispado a un tío materno, hombre anciano y respetable. Si don Illán lo acompañaba a la corte del papa, habría muchas oportunidades de recompensarlo. El maestro se quejó, pero volvió a seguirlo.
Permanecieron allí mucho tiempo. Don Illán solicitaba cada día un cargo para su hijo y cada día recibía excusas. Entonces murió el papa y los cardenales eligieron como sucesor a aquel mismo cardenal.
Don Illán fue a verlo. Ya no podía existir ninguna razón para aplazar la promesa. El nuevo papa le dijo que no insistiera tanto: en algún momento surgiría una ocasión conveniente.
El maestro protestó con firmeza. Había sucedido exactamente lo que temía desde su primer encuentro. Si ni siquiera ahora cumplía su palabra, no quedaba ninguna esperanza de gratitud.
El papa se enfureció. Lo insultó, lo llamó hereje y hechicero y lo amenazó con la cárcel si seguía exigiendo favores. Sabía muy bien, dijo, que en Toledo no tenía otro oficio que la magia.
Don Illán decidió marcharse. El papa se negó incluso a darle comida para el viaje. Entonces el maestro dijo que, ya que no tenía otra cosa que comer, tendría que volver a las perdices encargadas para aquella cena. Llamó a la criada y le ordenó que las asara.
En cuanto pronunció esas palabras, el supuesto papa se encontró de nuevo en Toledo. Seguía siendo el deán de Santiago. No se le ocurrió ninguna respuesta: estaba demasiado avergonzado.
Don Illán le indicó que se marchara. La prueba había sido suficiente para saber qué podía esperar de él. Ni siquiera merecía compartir las perdices.
Terminada la historia, Patronio aconsejó al conde que no trabajara ni arriesgara más por alguien que ya había demostrado tan poca gratitud. Lucanor siguió su consejo y le fue bien. Don Juan incluyó el ejemplo en su libro: quien no agradece una ayuda pequeña puede mostrarse todavía menos agradecido cuando alcanza una posición mayor.
English summary · includes the ending
Count Lucanor asks whether he should continue helping a man who repeatedly refuses to return his favours.
His adviser tells him about a church official who visits don Illán in Toledo to learn magic. Don Illán fears that the visitor will forget his promises if he becomes powerful. Before beginning the lessons, he tells a servant to prepare partridges but wait before cooking them.
The visitor then appears to rise through a series of important church positions. Each time, he refuses to give a vacant post to don Illán’s son, choosing a relative instead. Eventually he becomes pope. When don Illán protests, he threatens him and refuses even food for his journey home.
Don Illán calls for the partridges to be cooked. Suddenly they are back in Toledo on the original evening: the entire career was a magical test. Don Illán dismisses the ashamed visitor, having seen what his promises are worth.
Adapted for Lejrbår from the credited source.
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