Español / B2

El chaparrón de las truchas

Short story

Había una numerosa reunión en casa de cierto conde. Los invitados acostumbraban a retirarse a las once y, cuando el reloj dio la hora, aplazaron un juego para otra noche. Todos se pusieron de pie, dispuestos a marcharse.

Entonces uno de ellos oyó un ruido extraño. Prestó atención y exclamó:

—¡Está lloviendo a cántaros!

La sorpresa fue general: todos habían dejado un cielo despejado al entrar. La condesa les pidió que volvieran a sentarse mientras mejoraba la noche. Sentía no disponer de un coche para llevarlos a sus casas. Si la tormenta continuaba, podrían quedarse a cenar; la comida ya se estaba preparando. No prometía una cena excelente, pero sí una invitación sincera.

Los invitados apreciaron su amabilidad. Sin embargo, confiaban en que aquel fuerte chaparrón pasaría pronto. Se instalaron tranquilamente cerca del fuego, esperando que dejara de llover o, al menos, que lloviera menos.

Uno acabó cansándose de la espera y dijo que quería ver el chaparrón. Abrió el balcón y sacó la cabeza.

—O yo no entiendo nada, o el cielo no tiene nubes —observó—. El suelo está completamente seco y no cae ni una gota.

Todos se acercaron al mismo balcón. Contemplaron, asombrados, un cielo estrellado. La confusión les hizo reír y, pese a la prisa, quisieron averiguar su causa.

Era muy sencilla. Marica, la cocinera, estaba friendo truchas. Al caer el pescado en el aceite hirviendo, se producía un ruido parecido al de la lluvia. A través de las paredes, la semejanza era tal que incluso una persona de oído muy fino habría podido confundirse.

La narradora invita a pensar en lo fácil que resulta juzgar mal. Si nadie se hubiera asomado, quizá habrían cenado y pasado la noche allí, convencidos después de haber oído una tormenta.

Por eso no basta con invocar «los hechos». Hay que preguntarse cómo se han observado. Incluso un testigo sincero puede transmitir un error. Los hechos enseñan mucho a quien sabe mirar.


English summary · includes the ending

At a count's house, the guests normally leave at eleven. When the clock strikes, they get up to go, but one hears a noise and announces heavy rain. Everyone is surprised because the sky was clear earlier. The countess invites them to wait by the fire and offers supper if the storm continues.

Eventually, a guest gets tired of waiting and opens the balcony door. The ground is dry, there are no clouds, and the sky is full of stars. Everyone laughs and investigates the sound.

In the kitchen, Marica is frying trout. Through the walls, the fish falling into hot oil sounds remarkably like rain.

The narrator explains that even honest witnesses can make mistakes. Without someone looking outside, the guests might have stayed overnight and later sworn that it had rained. Facts are useful, but only when people take the trouble to observe them carefully.

Adapted for Lejrbål from the credited source.
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