Español / C1
La ardilla y el caballo
Una ardilla observaba a un caballo de pelo rojizo que se adiestraba en el galope. Dócil a las indicaciones de su jinete, el animal respondía a las riendas y a las espuelas, combinando la velocidad con la regularidad de sus movimientos.
La ardilla, lejos de mostrarse impresionada, se dirigió a él con absoluta confianza:
—Señor mío, no me asombran esa energía, esa ligereza ni esa destreza. Yo suelo hacer otro tanto y acaso todavía más. Soy viva, soy activa; me muevo, paseo, trabajo, subo y bajo. ¡Jamás permanezco quieta!
Su intervención consistía en una larga enumeración de cuanto hacía. Con tanta actividad, daba por sentado que podía compararse ventajosamente con el caballo.
Este detuvo entonces el paso y le respondió con seriedad. No trató de competir con ella en el número de movimientos, sino que le hizo una pregunta distinta:
—Todas esas idas y venidas, todas esas vueltas y más vueltas, ¿sirven de algo? Eso, amiga mía, es lo que quisiera que me dijera.
A esa pregunta añadió una explicación de su propio trabajo:
—Yo me esfuerzo, pero no en vano. Conozco mi oficio y pongo empeño en demostrar mi habilidad al servicio de mi dueño.
Así, frente a la abundancia de movimientos que la ardilla había enumerado, el caballo señalaba la finalidad de los suyos. La cuestión no era simplemente quién subía y bajaba más, ni quién podía afirmar que nunca descansaba. Lo decisivo era que el esfuerzo tuviera una utilidad.
La fábula concluye trasladando esa diferencia al trabajo de los escritores. También puede haber ardillas entre ellos, advierte Iriarte: autores que consumen toda su energía en obras frívolas. La agitación de quien escribe, como la de quien no deja de moverse, no basta por sí misma para dar valor a su actividad.
English summary · includes the ending
A squirrel watches a young horse training with a rider. The horse moves quickly and steadily, following the rider's instructions. The squirrel is not impressed. She says that she can do just as much, perhaps even more. She runs about, goes up and down, and never stays still.
The horse stops and answers her seriously. Instead of arguing about who moves most, he asks whether all her activity serves any useful purpose. He explains that his own efforts have a clear aim: he knows his work and tries to use his ability in his owner's service.
The author then compares some writers to the squirrel. They may spend a great deal of energy on work that has little value. The point is not simply how busy someone appears. It is whether that activity achieves something useful. The fable ends with this criticism of effort spent on unimportant writing.
Adapted for Lejrbål from the credited source.
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